Llevar la contraria
Originally published on LinkedIn ↗Me viene a la memoria una entrevista que hice en el último año de carrera: prácticas en marketing en L'Oréal. Por aquella época, antes de las startups, eso era de lo mejor que te podías enchufar al CV.
La primera entrevista era la clásica dinámica de grupo, que también ofrecían bancos de inversión, consultoras y cualquier negocio que se preciase. Aún no habían llegado a España las de "cuántos afinadores de piano hay en San Francisco" y otras memeces varias. Nos metían a treinta en una sala y nos daban un caso que resolver individual o colectivamente.
En esta nos plantearon el lanzamiento de un agua termal de propiedades extraordinarias. Fin del brief. Mis compañeros de grupo eran un ingeniero de minas (o de puentes, mi memoria es frágil, pero da igual) y una bibliotecónoma (esto lo recuerdo mejor: es la primera y última vez que he oído hablar de biblioteconomía).
Viendo el panorama, me arrogué el liderazgo del grupo. Mi idea brillante fue marketear el mismo producto a dos mercados, hombres y mujeres, exaltando para cada uno lo que más le interesara. Para ellas, una cara libre de imperfecciones; para ellos, confort tras el afeitado, o alguna estupidez similar. Mis compañeros, más perdidos que un rojo en un confesionario, estuvieron de acuerdo.
Lo que a mí me parecía evidente —doblar el mercado haciendo diferentes campañas enfocadas a diferentes ICPs— a mi entrevistadora le pareció un sacrilegio, y además ilegal. Su tesis era que, si un agua termal servía para las arrugas y para calmar la piel, no se podía contar lo de las arrugas solo a las mujeres y lo de la irritación solo a los hombres.
Le llevé la contraria, debatimos, siguió erre que erre, discutimos. Debía saber mucho de recursos humanos (horrible expresión), pero no tenía ni zorra de marketing.
Mis pobres compañeros estaban mudos, intentando fundirse con la pared. Mi entrevistadora se puso a chillar, o así lo recuerdo yo. Mi memoria tiende a hacer todo esto más heroico de lo que probablemente fue.
Hay sitios, empresas, colegios, grupos de amigos... donde pensar diferente, decir lo que piensas, llevar la contraria... está mal visto. Te laminan rápido si no te unes al Pensamiento Único. Es tan estúpido quitarse de encima a quien te lleva la contraria... acabas en una cámara de eco, rodeado de gente que te dice lo mismo que ya te dices tú, y sin exposición, no ya a algo nuevo, sino a poder probar tu tesis con alguien que le busque las costuras.
Me da pena, porque el pensamiento crítico cada vez está más desincentivado (así nos va). Otras empresas lo fomentan, y les irá mejor o peor, pero quienes trabajan en ellas son más felices.
Me descartaron de la prestigiosísima L'Oréal, naturalmente. Me importó un pimiento. No me ha ido mal llevándole la contraria a todo el mundo, no me hace falta ponerme agua termal, y he tenido la suerte de dar siempre con gente a la que debatir le parecía una virtud y no un defecto. A mí que mis entrevistados me lleven la contraria me gusta aún más.